Hola, querido yo

Incluso si hace que parezcamos raros, hablar con nosotros mismos puede ayudarnos durante el montaje de muebles, en el trabajo diario o antes de una conferencia. El modo en cómo nos hablamos a nosotros mismos y el idioma en qué pensamos influye también en nuestro comportamiento.

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El montaje de un armario de Ikea no es para blandengues. Te arrodillas entre tablas de madera, clavos y tornillos, le das la vuelta a un manual con figuras de palos risueños y balbuceas para ti: "La tabla larga en el suelo, luego la pequeña en posición vertical, el tornillo ahí dentro. Pero falta algo". Hasta que en algún momento tu compañero saca la cabeza por la puerta de la habitación y pregunta: "¿Va todo bien? ¿Con quién hablas todo el tiempo?" Por lo general, es en ese preciso momento cuando te das cuenta de que has comentado cada uno de los pasos que has realizado.

"Hablar solo" es lo que los científicos llaman discurso interior. No se han investigado suficientemente todos los aspectos, pero los descubrimientos de los expertos demuestran lo importante que es para nuestras acciones. El psicólogo Adam Winsler de la Universidad George Mason (en inglés) lo ve como una "herramienta humana natural para pensar, controlar la atención, la cognición y el comportamiento. Hablar con nosotros mismos nos separa de los estímulos inmediatos del ambiente, podemos planear nuestro comportamiento de forma verbal". 

Charla, balbuceo y silencio

Los niños en edad preescolar a menudo hablan consigo mismos. Sin embargo, con la edad, este tipo de habla disminuye, anotó un equipo de investigación en torno a Winsler. Los científicos observaron a niños y a adolescentes de entre cinco y diecisiete años mientras trabajaban en una tarea de planificación. Casi uno de cada dos niños de cinco años balbuceaba para sí mismo, sin embargo, a los diecisiete años solo uno de cada diez hablaba consigo mismo. "Los niños probablemente no se preocupan tanto por lo que los demás piensan sobre lo que se dicen a sí mismos", supone el psicólogo Thomas M. Brinthaupt de la Universidad Estatal de Middle Tennessee (en inglés). Los adultos, en cambio, están más inhibidos porque tienen miedo a que les consideren "locos", además también son más conscientes de que hablan de sí mismos en voz alta".

Pero los monólogos no solo desaparecieron con la edad, sino que cambiaron: mientras los niños de la guardería se hablaban a sí mismos tan claramente como a los demás, los de la escuela primaria susurraban y murmuraban más. Los adolescentes, por otro lado, informaron que uno de cada tres habló en silencio consigo mismo durante la planificación. "Los adultos tienen funciones ejecutivas más avanzadas y habilidades de autorregulación", explica Adam Winsler. "Por lo tanto, no dependen tanto de la forma abierta de autorregulación verbal, la guían más silenciosamente en sus cabezas. Aunque el tipo de discurso interior era diferente, en todos los grupos de edad, alrededor de dos tercios de los niños, niñas y adolescentes hablaban consigo mismos, en voz alta, en silencio o sin hacer ruido.

 

 

Hablar con uno mismo en casos difíciles

Aunque hablar con un mismo abiertamente sea mucho menos frecuente en la edad adulta que en la guardería, se utiliza durante la realización de tareas difíciles. Robert M. Duncan del York College de la Universidad de la ciudad de Nueva York y J. Allan Cheyne de la Universitdad de Waterloo observaron a adultos mientras doblaban un papel o introducían datos en un ordenador y casi todos hablaban en voz alta al menos una vez. Sin embargo, en el período posterior, casi la mitad de los participantes de la prueba negaron este hecho. Tal vez no se daban cuenta de que hablaban consigo mismos o tal vez se sentían incómodos. Según Thomas M. Brinthaupt "Hablar en voz alta contigo mismo no es lo que los adultos suelen hacer. Por otro lado, se acepta en general que los niños hablen solos mientras juegan o aprenden algo nuevo. Así que no tienen que tener miedo de que los pillen".

Al igual que los niños, los adultos hablan consigo mismo en voz alta sobre todo cuando tienen que resolver un nuevo problema complejo, como por ejemplo, montar un armario de Ikea por primera vez. Si ya han completado la tarea varias veces, no solo les resultará más fácil, sino que también hablarán menos consigo mismo de forma abierta.

Sin embargo, el discurso interior, que no produce sonido ni mueve los labios, está muy extendido en la edad adulta. El psicólogo Russell T. Hurlburt de la Universidad de Nevada lo determinó en un método elaborado. Como los monólogos interiores no pueden observarse exteriormente, dio a examinadores pequeños zumbadores, que hacían una señal sonora unas seis veces al día en momentos aleatorios. Luego pidió a los participantes que escribieran lo que sucedía en su interior. Durante el primer día, los científicos tuvieron conversaciones con los participantes para aclarar lo que realmente querían decir con sus notas. A esto le siguieron otros días en los que los participantes registraron sus experiencias internas con cada zumbido.

"En los cuestionarios, la gente a menudo no sabe lo que se les pide exactamente en los enunciados", dice Hurlburt. Una vez utilizó un cuestionario desarrollado por él mismo sobre la frecuencia con que se hablaba a uno mismo antes de equipar a los participantes con los zumbadores. Resultó que los resultados de las dos evaluaciones apenas coincidían. El resultado de un elaborado método de investigación: más de un cuarto de las notas se relacionaban con el discurso interior. Pero eso no significa," según Hurlburt, "que cada uno hable consigo mismo una cuarta parte del tiempo...", porque las diferencias individuales son enormes. Algunas personas hablan constantemente consigo mismas, otras no, y otras un cuarto o la mitad de las veces.

Los adultos que han crecido sin hermanos dicen que llevan a cabo estas conversaciones internas con más frecuencia. Incluso quienes tenían un novio imaginario invisible tienden a hacerlo con más frecuencia, según sus propias declaraciones. Esto es lo que los psicólogos Thomas M. Brinthaupt y Christian T. Dove de la Universidad estatal de Middle Tennessee han descubierto con cuestionarios. Los solteros también afirman que hablan más consigo mismos, según un estudio con cuestionario realizado por un equipo de investigación dirigido por Corinna Reichl de la Universidad de Saarland. Pero también hay muchas personas que nunca o muy raramente hablan consigo mismas, añade Russell T. Hurlburt. "Cualquiera que sea el propósito del discurso interior", dice el psicólogo, "la actividad respectiva también puede realizarse sin él.

 

 

El poder de hablar con uno mismo

De hecho, hay muy poca investigación sobre por qué hablamos con nosotros mismos, explica Thomas M. Brinthaupt. "Los adultos son más propensos a hablar consigo mismos cuando están bajo mucho estrés, en situaciones donde se desconoce cuál es el comportamiento correcto o cuando las circunstancias son inusuales o nuevas. Los niños hablan consigo mismos para controlar y regular su comportamiento, por ejemplo, cuando aprenden algo nuevo o tratan de controlar sus impulsos. En ciertas situaciones, parece que hablar con uno mismo puede ayudar: cualquiera que murmura el pedido en la cola de la panadería probablemente irrita al resto de clientes, pero por lo menos no olvida lo que quiere comprar. Al imaginar tranquilamente los productos horneados, los guarda en su memoria funcional. Si no quieres llamar la atención en la panadería, también puedes utilizar este mecanismo silenciosamente. Los psicólogos Alan BaddeleyGraham Hitch (en inglés) de la Universidad de York lo describen como el bucle fonológico de nuestra memoria funcional. Repetir cosas importantes en la cabeza puede ayudar a memorizar palabras así como a calcular mentalmente. Hablar con nosotros mismos también nos facilita cambiar de una tarea a otra. Mientras escribes un correo electrónico, el teléfono suena, tienes que dejar de escribir y terminar después de la llamada. Decirse a sí mismo "así que, ahora, vuelve al correo" después de colgar puede ser de ayuda. Al menos los psicólogos Michael Emerson y Akira Miyake de la Universidad de Colorado en Boulder (en inglés) pudieron demostrar que cuando se alterna entre dos tareas diferentes, nos volvemos mucho más lentos si no sostenemos un monólogo interno.

Te relaja

Ser capaz de hablar contigo mismo también puede ayudarte en situaciones estresantes, como un discurso público o una entrevista. Sin embargo, es importante saber cómo hacerlo. Un equipo de investigadores dirigido por el psicólogo Ethan Kross de la Universitdad de Michigan (en inglés) pidió a los estudiantes en varios experimentos que pensaran sobre sus pensamientos y sentimientos justo antes de dar un discurso o de conocer a alguien. Debían pensar en ellos mismos en primera o en segunda persona. El resultado: si utilizaban su propio nombre y "tú" en lugar de "yo", no solo obtenían mejores resultados, sino que también experimentaban menos estrés.

Los científicos sospechan que esto les facilita distanciarse de sí mismos. Un estudio realizado por un equipo dirigido por la psicóloga Sanda Dolcos de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (en inglés) también señala que la forma de abordar el tema en el monólogo interior debe elegirse con precaución: en el experimento, los participantes recibieron varios rompecabezas de anagramas en los que tenían que reconocer palabras moviendo letras. La mitad de los participantes deben comenzar sus frases con "yo", los demás con "tú". Los que se dirigían a sí mismos con "tú" resolvían más anagramas que los que lo hacían con "yo".

Por cierto, el uso de una lengua extranjera también parece influir en cómo pensamos y actuamos. Así que usa el poder de hablar contigo mismo: habla contigo, ya sea en voz alta, baja o en silencio, en alemán, español o inglés. De todos modos, hoy en día todo el mundo pensará que hablas por los auriculares.

Sobre la autora

Después de un breve intermedio en los estudios de periodismo y medicina Hanna Drimalla (en alemán) ha visto que el mejor campo de estudio para ella es la psicología. De momento, ha dedicado su saber a la neurociencia y escribe sobre ello en un blog. Como autora en dasGehirn.info (en alemán) ahora puede dedicarse por completo a su tema favorito. Cuando no escribe, pasa el tiempo jugando al voleibol, viajando o conversando con un enorme café con leche.

Este artículo se publicó originalmente en: www.dasgehirn.info (en alemán).

 

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