¿Quién habla?

Los bebés reconocen la melodía del habla cuando están en el útero. Recién nacidos utilizan todos sus sentidos para aprender el lenguaje. Pero el camino es largo. Si los padres les ayudan pacientemente, sus hijos lo logran con facilidad.

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Primero aparece el lloro, los chillidos temblorosos, con los que los bebés humanos se hacen oír por primera vez. Cuando los pequeños dejan de ser bebés después de los dos años, dominan en general más de 50 palabras, que combinan con frases de dos palabras en uno o más de los 6 500 idiomas del mundo.

Los padres orgullosos de todo el mundo están fascinados por la forma en que el balbuceo universal de sus pequeños se convierte en un complejo conjunto comunicativo. Un padre interesado en explorar este desarrollo con más detalle es Deb Roy (en inglés) del Laboratorio de Máquinas Sociales del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Incluso antes de que su hijo naciese, cableó su casa con micrófonos y cámaras y lo grabó todo desde el primer día de la vida de su hijo en un gigantesco vídeo casero de 90 000 horas de duración. En su reconocida charla en TED-Talk (en inglés) de 2011, Roy mostró el desarrollo de las palabras desde el «lenguanoma» después del nacimiento. Documentó, por ejemplo, cómo se desarrolló la palabra «agua» a partir del balbuceo «gaga», y también el lugar en qué se hablaba y con qué persona tuvo lugar ese proceso. Sin embargo, aún no se sabe si este experimento ayudará a nuevos descubrimientos sobre el proceso de aprendizaje del lenguaje; el análisis continúa.

Al principio, escuchan

Afortunadamente, gracias a muchos otros estudios, se sabe bastante: los bebés escuchan los sonidos que les rodea desde el útero. A partir de la semana 24 del embarazo, los fetos reaccionan con movimientos o cambiando la actividad cerebral a sonidos y, un poco más tarde, ya saben diferenciar sonidos. Incluso los bebés extremadamente prematuros (en inglés), que tienen el córtex menos desarrollado después de estar solo 29 semanas en el útero, pueden distinguir entre sílabas y voces masculinas y femeninas.

Inmediatamente después de nacer, los bebés prefieren su lengua materna (en inglés) de manera fiable e incluso cuentos específicos (en inglés) que sus madres les leen repetidamente durante el último tercio del embarazo.

Más adelante, en la articulación del bebé se pueden encontrar rastros de escucha prenatal. Si se analizan los primeros sonidos después de nacer se encuentran diferencias culturales. Los franceses recién nacidos enfatizan la melodía (en inglés) de esa lengua más bien al final, de acuerdo con el francés, mientras que los alemanes enfatizan el principio. Sin embargo, estas raíces del lenguaje no tienen nada en común con la comprensión de palabras o frases. Al principio el niño aprende la prosodia, el sonido del lenguaje.

Durante los primeros cuatro meses de sus vidas, los niños desarrollan un sentido extraordinario a partir de sonidos familiares. Por ejemplo, cada idioma consta de 10 a 65 tonos o fonemas rudimentarios que diferencian el significado; en alemán hay unos 40. La creciente familiaridad con estos fonemas y su progresión sonora permiten que los bebés reconozcan las irregularidades de los patrones. Mientras tanto, sincronizan sus propios sonidos con los que escuchan en su entorno y comienzan a producir las primeras sílabas, que poco después se repiten en los típicos monólogos.

Los ojos escuchan

Este primer paso en la adquisición del lenguaje no solo depende del oído y de las voces; también los ojos escuchan. Durante su primer año de vida, los bebés muestran una sensibilidad muy elevada hacia las lenguas extranjeras. Pueden reconocer si el presentador de un vídeo reproducido en silencio cambia de idioma. Si los padres son sordos y solo hablan a sus hijos con lenguaje de señas, esos bebés aprenden pronto a «balbucear» con sus propias manos (en inglés), en contraste con cualquier otro bebé que siempre escucha, utilizan las manos de forma más rítmica y precisa.

Además, más adelante en su desarrollo, se puede ver claramente que la sensibilidad del bebé a las señales comunicativas y a los estímulos del entorno van a la par. Si un bebé, por ejemplo, solo oye un idioma en sus primeros seis meses de vida, la capacidad de diferenciar el lenguaje mediante la lectura de labios desaparece. Los niños que se crían con dos idiomas (y esta habilidad es obviamente importante) mantienen esta habilidad. Curiosamente, los niños japoneses que se crían con un solo idioma, pierden la capacidad de distinguir entre «r» y «l», aunque son capaces de hacerlo hasta los siete meses.

 

La primera palabra

Se recompensará la especialización creciente. A los nueve meses los niños desarrollan una comprensión semántica y comienzan a relacionarse con el significado de las palabras. Solo unas semanas después, la mayoría de los bebés logran el momento mágico: articulan su primera palabra. Naturalmente, las primeras palabras son personas y objetos de su entorno cercano, como «papá», «mamá» o «balón». Palabras abstractas como «libre» o «idea» forman parte de las habilidades lingüísticas de los niños mucho más tarde.

Con la primera palabra comienza una rápida reacción en cadena en el aprendizaje de la lengua con los adultos.

Tan pronto como se pronuncia la primera palabra, o los padres creen oírla, se produce un extraño cambio en la forma en que se habla al bebé. A menudo se tiende a caer en el ridículo «lenguaje del bebé», y se habla más despacio, con estructuras de palabras y frases fáciles y una articulación acentuada.

Los científicos creen que las palabras pronunciadas con mayor claridad ayudan a los bebés a afinar su propio lenguaje. Deb Roy, por ejemplo, examinó que el cuidado del adulto al hablar tenía picos con cada palabra nueva que su hijo aprendía. «Reestructuramos automáticamente nuestra propia lengua para facilitarle el aprendizaje de una nueva palabra y así intentar que avance en el aprendizaje de una lengua compleja», afirma.

El impacto de los distintos adultos que les hablan se hace obvio en la siguiente fase de aprendizaje, de los dos a los cuatro años, cuando los niños desarrollan su capacidad de hablar debido al rápido crecimiento del vocabulario y a la mejora de la comprensión de la sintaxis. Mientras que la mayoría de los niños de dos años usan palabras cotidianas en oraciones de dos palabras, los niños de tres dominan las diferencias gramaticales con verbos, adjetivos y preposiciones. Al mismo tiempo, podemos medir diferencias menos realizadas según la capacidad potencial de habla basada en los genes, pero aún mejor con lo que el niño escucha a diario.

 

 

Modelos a seguir para el lenguaje

En un estudio estadounidense, los niños de tres años de edad en entornos sociales desfavorecidos habían oído 30 millones de palabras menos a lo largo de su vida que los niños de familias privilegiadas. Esta brecha se nota en las habilidades lingüísticas en los primeros años escolares. Incluso las pequeñas diferencias pueden tener un gran impacto. Si se comparan las familias con un nivel de educación similar, y en las que las madres hablaban mucho a sus hijos, se demostró que los niños con padres más silenciosos, hablaban menos que los niños con padres más habladores.

Sin embargo, los padres que tengan hijos que se tomen tiempo para empezar a hablar no deben preocuparse. Hay niños que se lo toman con calma, pero se ponen al día hacia su tercer año de vida. Y para los niños que realmente necesitan más ayuda, existen muchas opciones. Todos ellos comparten algo con el aprendizaje normal de la lengua en casa: para mejorar las habilidades del habla de un niño, es necesario hablarle. Dejarlos frente a una pantalla mirando vídeos o escuchando historias no los ayudará a mejorar.

Los fanáticos de la tecnología pueden esperar que algunas innovaciones ayuden a los niños a mejorar su lenguaje. Enfoques como el que se ha presentado recientemente, el TalkBetter-System (en inglés) en Corea o el Sistema de Conversaciones de Providence en los EE.UU. se basan en la grabación de las conversaciones entre el niño y sus padres para proporcionar a estos consejos sobre cómo pueden mejorar su comunicación con el niño para mejorar sus habilidades. Y si no estás contento con esto, puedes esperar a la siguiente generación de robots: durante una fase de prueba de dos meses, los tiernos y socialmente sensibles "DragonBots" (en inglés) lograron un cierto éxito en la ampliación del vocabulario y la comprensión general del lenguaje de los niños de guarderías con juegos de cuentacuentos interactivos.

Sobre la autora

Dra. Nora Schultz (en alemán) - Periodista, Grado en Ciencias Biológicas, Doctorado. La Biología y la comunicación son dos de mis pasiones; en el cerebro ambas se unen.

Este artículo se publicó originalmente en: www.dasgehirn.info

 

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