Aprender música a una edad temprana puede hacer que tu hijo sea mejor lector.

La neurociencia ha encontrado una relación clara entre la música y la adquisición del lenguaje. Es decir, aprender música en los primeros años de escolarización ayuda a los niños en el aprendizaje de la lectura.

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Música, lenguaje y cerebro

El procesamiento de la música y el desarrollo del lenguaje comparten una red solapada en el cerebro. Desde la perspectiva evolutiva, el cerebro humano desarrolló el procesamiento de la música mucho antes que el lenguaje y después utilizó ese proceso para crear y aprender dicho lenguaje.

Al nacer, los bebés entienden el lenguaje como si fuera música. Responden al ritmo y la melodía del lenguaje antes de entender qué significan las palabras.

Los bebés y los niños imitan el lenguaje que escuchan utilizando los elementos del ritmo y la melodía, y este es el estilo de habla melódica que conocemos y que tanto nos agrada de los bebés.

 

 

Los niños entrenados musicalmente son mejores lectores

La base de la lectura es el habla y para aprender a hablar, los niños deben ser capaces primero de distinguir el habla de otros sonidos. La música les ayuda a hacerlo.

Leer es, en última instancia, decidir el significado de las palabras de la página. Para ayudarnos a decidir esos significados se combinan varias habilidades que, entre otras, incluyen la de distinguir los sonidos de las palabras y la fluidez de la lectura.

La fluidez incluye la habilidad de ajustar patrones de estrés y la entonación de una frase, desde el enojo a la felicidad y la capacidad de elegir la inflexión correcta, como una pregunta o una exclamación. El desarrollo de estas habilidades de procesamiento auditivo mejora con entrenamiento musical.

Los niños musicalmente entrenados también tienen mejores habilidades de comprensión de lectura.

La música también nos da pistas sobre la dificultad que un niño puede tener con la lectura.

Según algunas investigaciones, los niños de tres y cuatro años que pueden seguir un ritmo musical constante están más preparados para leer a los cinco años, que los que no pueden seguirlo.

 

 

Qué pueden hacer padres y maestros

El aprendizaje de la lengua empieza el primer día de vida, con unos padres que hablan y cantan a sus bebés. Los bebés crean un vínculo con sus padres y la comunidad a través de la voz, así que cantar a los bebés forma un vínculo con ellos y hace que su red de procesamiento auditivo también participe.

Llevar a niños pequeños a una clase de música semanal de calidad, bien estructurada y posibilitará el desarrollo de sus habilidades musicales, que resultan tan eficaces para el aprendizaje de la lectura. Es vital buscar clases que incluyan actividades con movimiento, canto y que tengan en cuenta tanto al sonido como al silencio. Deben usar juguetes e instrumentos de buena calidad para hacer música.

Antes de empezar preescolar, un momento crucial para el desarrollo del lenguaje, busca programas de aprendizaje musical bien estructurados impartidos por educadores calificados. Las canciones, rimas y actividades rítmicas que los niños realizan en preescolar y en la guardería los preparan para la lectura.

Los programas de música deberían desarrollar habilidades secuenciales. Deberían animar a los niños a entonar, a usar instrumentos y a dirigirse de manera improvisada y estructurada hacia la música.

A los niños también se les debe enseñar a leer las notas y los símbolos musicales, así se reforzará la simbología de la conexión de sonido, que también es crucial en la lectura de palabras.

Aprender música de forma activa es la clave. Tener música de fondo a un alto volumen poco hace en el desarrollo del lenguaje y puede restringir la capacidad de distinguir el discurso del ruido.

 

 

Esto no quiere decir que los niños necesiten silencio para aprender. De hecho, es todo lo contrario. Necesitan una variedad de entornos y saber elegir lo que necesita el cerebro en términos de estimulación auditiva. Algunos alumnos necesitan ruido para concentrarse, otros necesitan silencio y la preferencia depende del tipo de aprendizaje que realicen.

Un entorno ruidoso no es solo una aula bulliciosa, sino que se trata de la calidad del sonido. Unos frenos que chirrían cada tres minutos, un aire acondicionado ruidoso, música de fondo que gusta a unos pero no a otros y golpes irregulares tienen un impacto en la capacidad de aprendizaje del niño.

Los profesores pueden permitir a los estudiantes que se entusiasmen en el aula y que hagan ruidos permisibles, pero será mejor tener unos auriculares en el aula para cuando los alumnos emitan sonidos.

Música para todos

Nuestra red de procesamiento auditivo es el primer y mayor sistema informativo del cerebro. La música puede mejorar los elementos biológicos esenciales del lenguaje. La música prepara a los niños para aprender a leer y les ayuda en su itinerario lector.

Por desgracia, son los alumnos desfavorecidos quienes no tienen tantas horas de aprendizaje musical en la escuela. Sin embargo, diversas investigaciones muestran que podrían beneficiarse más del aprendizaje de la música.

Un camino a seguir a la hora de mejorar los resultados de lectura de nuestros niños sería realizar más horas de música en los centros preescolares y las escuelas primarias.

 

 

 

Sobre la autora

Misty Adoniou es profesora en la Universidad de Canberra. Ha recibido numerosos premios de educación, entre ellos Premio del rector a la excelencia educativa. Además fue la escritora que dirigió el libro sobre recursos docentes del gobierno federal para estudiantes de inglés como lengua extranjera. Este artículo fue inicialmente publicado en "The Conversation".

The Conversation

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