¿Plagiar o innovar? La paradoja de Led Zeppelin perdura

Hace 50 años, en septiembre de 1968, el legendario grupo de rock Led Zeppelin tocó junto por primera vez, cuando realizaron su primera gira por Escandinavia bajo el nombre de The New Yardbirds.

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El nuevo y mejor nombre llegaría más adelante ese otoño, mientras que la muerte del percusionista John Bonham en 1980 finalizó con su reinado, que definió esa década. Pero hasta el día de hoy, la banda conserva el mismo estatus icónico que mantuvo en la década de los 70: se presenta como uno de los grupos musicales más vendidos de todos los tiempos y sigue dando forma a los sonidos de grupos nuevos y emergentes lo suficientemente jóvenes como para ser nietos de los miembros de la banda.

Sin embargo, incluso después de todo este tiempo, cuando cada nota, melodía y gruñido del catálogo de nueve álbumes de Zeppelin ha sido revisado por fanáticos, covers y musicólogos, una oscura paradoja acecha en el corazón de su misticismo. ¿Cómo puede una banda tan poco original, que claramente ha plagiado, ser considerada a la vez innovadora e influyente?

En otras palabras, ¿cómo llegó a tener su «tarta de crema»y comérsela?

Como erudito que investiga las complejidades sutiles del estilo musical y originalidad así como los mecanismos legales que los vigilan y los hacen cumplir, como la ley de derechos de autor, considero que se trata de un dilema particularmente diabólico. Además, el hecho de que yo también sea bajista en un grupo que fusiona múltiples estilos de música lo convierte en personal.

Un patrón de «préstamo»

Para cualquiera que busque el santo grial del éxito creativo, Led Zeppelin ha logrado algo mítico en cuanto a tamaño: un lugar en el firmamento musical, en sus propios términos, fuera de las reglas y sin compromiso.

Cuando Led Zeppelin debutó con su primer álbum homónimo en 1969, no hay duda de que sonaba novedoso y emocionante. Mi padre, un baby boom y fanático de los Beatles, recuerda su disgusto ese año cuando sus estudiantes de matemáticas de la escuela secundaria lanzaron los Fab Four para dar tributo a Zeppelin, aparentemente de la noche a la mañana. Incluso el pesado New York Times, que criticó la «superficialidad sexual plástica» de la banda, se sintió obligado, en el mismo articulo, a reconocer su «mezcla electrónicamente intensa y enormemente exitosa...» de estilos musicales.

Sin embargo, desde el principio y justificadamente, a la banda también se la acosó con acusaciones de hurto musical, plagio e infracción de derechos de autor.

El primer álbum de la banda, Led Zeppelin, contenía varias canciones que se basaban en composiciones, arreglos y grabaciones anteriores, a veces con atribución y, a menudo, sin ella. Incluía dos canciones de Willie Dixon y la banda las atribuye al influyente compositor de blues de Chicago. Sin embargo, no atribuyó a Anne Bredon su canción Babe I’m Gonna Leave You cuando la tocó.

La exitosa canción Dazed and Confused, también de ese primer álbum, se atribuyó originalmente al guitarrista de Zeppelin Jimmy Page. Sin embargo en 2010, el compositor Jake Holmes presentó una demanda alegando que la había escrito y grabado en 1967. Después de que la demanda se resolviese de forma extrajudicial, en la actualidad, en las notas de relanzamientos se describe a la canción como «inspirada en» Holmes.

El segundo álbum de la banda, Led Zeppelin II, retomó la actividad donde quedó la del primero. Después de una serie de demandas, la banda acordó enumerar a Dixon como autor no reconocido previamente en dos de las pistas, incluso su primer single de éxito, Whole Lotta Love. Una demanda adicional estableció que la leyenda del blues Chester “Howlin’ Wolf” Burnett fue un autor previamente no reconocido en otra pista llamada The Lemon Song.

La infracción de los derechos de autor musicales es notoriamente difícil de establecer en un tribunal, de ahí los acuerdos. Pero no hay duda de que la banda se involucró en lo que los musicólogos llaman típicamente «un préstamo». «Cualquier fan de blues, por ejemplo, habría reconocido la letra deYou Need Love de Dixon, grabada por Muddy Waters, al escuchar por primera vez Whole Lotta Love.

 

 

¿Se trata de patrimonio o de apropiación?

¿Debería condenarse a la banda por tomar las canciones de otras personas y fusionarlas en su propio estilo?

¿O debería ser esto un motivo de celebración?

La respuesta es una cuestión de perspectiva. En defensa de Zeppelin, la banda, en la práctica no es la única. El movimiento de renacimiento de la música popular de la década de los 60, que fue fundamental para las carreras de Báez, Holmes, Bredon, Dixon y Burnett, estaba arraigado en una ética que típicamente trataba el material musical como «patrimonio», es decir, una fuente de cultura compartida de la cual todos podían crear, y a la que todos pueden contribuir.

La mayoría de los artistas de la era tocaban normalmente las canciones tradicionales y de blues «sin autor», y la estrella brillante del movimiento, Bob Dylan, usó la parodia lírica y musical como una insignia de orgullo y muestra de erudición: «¡Mira cuántas canciones antiguas puedo introducir en esta nueva canción!», en lugar de utilizarlo como ayuda secreta y culpable para proteger sus propias composiciones.

¿Por qué no debería Zeppelin hacer lo mismo?

Por otro lado, es difícil ignorar la dinámica racial inherente en los préstamos de Led Zeppelin. Willie Dixon y Howlin 'Wolf eran afroamericanos, miembros de una minoría subyugada que, especialmente en ese entonces, se les excluía de poder recoger su parte justa de las enormes ganancias que generaron para sellos musicales, editores y otros artistas.

Al igual que sus compatriotas ingleses Eric Clapton y Los Rolling Stones, la actitud de Zeppelin hacia la cultura negra parece extrañamente reminiscente del enfoque de Lord Elgin a las estatuas de mármol del Partenón y a la política de la reina Victoria sobre el Diamante Koh-i-Noor: toma lo que puedas y no pidas permiso; si te pillan, discúlpate sin ceder la propiedad.

Led Zeppelin también fue acusado de revocar a artistas blancos como Bredon o la banda Spirit, la parte agraviada de una demanda reciente sobre los derechos de la canción de la firma de Zeppelin Stairway to Heaven. Incluso en estos casos, la dinámica de poder era dudosa.

Bredon y Spirit son compositores menos conocidos con perfiles más bajos y bolsillos menos profundos. Ninguno de los dos se ha beneficiado de la brillante gloria de Zeppelin, que solo ha crecido a lo largo de las décadas a pesar de las acusaciones y demandas en su contra.

Una cuestión de motivos

Entonces, ¿cómo logró la banda triunfar, cuando muchos de sus contemporáneos han sido olvidados o atenuados? ¿Cómo encontró y guardó el santo grial? ¿Qué hace a Led Zeppelin tan especial?

Podría especular sobre su estatus cultural como avatar de autoindulgencia trasatlántica, post-hippie y rebelión de la «generación egoísta». Podría maquillar con poesía su fusión musical prebarroca y sus armonías no occidentales con ritmos de blues y timbres celtas. Incluso podría acusarlo, como muchos lo han hecho a lo largo de los años, de hacer un trato con el diablo.

En lugar de ello, simplemente relataré una anécdota personal de hace casi 20 años. En realidad me encontré con el líder Robert Plant. Hacía cola en una bodega de Manhattan alrededor de las dos de la madrugada y de repente me di cuenta de que Plant estaba delante mío. Una canción clásica de Chuck Berry sonaba en los altavoces superiores. Plant se giró para mirarme y reflexionó: «¿Me pregunto qué hará ahora?». Charlamos sobre Berry un momento, luego pagamos y nos separamos.

Aunque fue breve y banal, creo que ese pequeño interludio, más que las resmas de la erudición musical y el periodismo que he leído y escrito, podría ser la clave para resolver la paradoja.

Quizás Led Zeppelin sea digno porque, como Sir Galahad, el caballero que finalmente obtiene el santo grial, los corazones de sus miembros eran puros.

Durante nuestro breve intercambio, quedó claro que Plant no quería ser adulado, no necesitaba que un aficionado acariciase su ego. Además, él y sus compañeros nunca estuvieron en esto por el dinero. De hecho, durante décadas, Zeppelin negó la licencia de sus canciones para anuncios de televisión. En palabras de Plant, «solo quería divertirme un poco».

Tal vez la banda conservó su fama porque vivió, amó y encarnó el rock and roll de manera tan absoluta y total, en la medida en que Plant iniciaría una conversación con un desconocido en medio de la noche solo para conversar sobre uno de sus héroes.

Ese amor, esa pureza de enfoque, aparece en su música, y por eso, debemos perdonar las numerosas infracciones de Led Zeppelin.

 

Sobre el autor

Aram Sinnreich es profesor adjunto en la Escuela de Comunicación de la American University y autor de los libros Mashed Up (2010) y The Piracy Crusade (2013). Su trabajo se centra en la intersección de la cultura, el derecho y la tecnología, con énfasis en temas como la propiedad intelectual, la vigilancia, el futurismo y la música. Este artículo se publicó inicialmente en The Conversation.

 

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